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El deporte: un sueño frustrado y reprimido para las mujeres en Afganistán

La ilusión de muchas de ellas por encontrarse con estas prácticas se esfuma como arena entre los dedos.

17 Ago 2021 21:11:51Por: SuperTrending
Kimia Yousofi

Kimia Yousofi /AFP

Libertad, sueños, ilusiones son algunas de las utopías de las mujeres afganas. Por el pequeño rabillo del burka se ven unos ojos apagados, silenciados y con el fuego interior de ser sin ser obligadas a ser. Por estos días, el régimen volvió a sus vidas y el temor de perder los pocos derechos que habían ganado es tan enorme como los años que llevan escondidas.

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El deporte se había convertido en una forma de revalidar sus derechos, de sentirse libres y de poder romper las ataduras que en ese país les habían impuesto desde el principio de los días. Kabul, su capital, arde por el régimen talibán y las mujeres vuelven a una especia de esclavitud, que enjaula sus derechos.

Según la ley Sharía, también conocida como ley islámica, las mujeres tienen prohibido la práctica de cualquier deporte o el ingreso a cualquier evento deportivo. Las voces se silenciaron, luego de haber luchado por 20 años y haber ganado algún terreno en ese autoritarismo. El sueño de levantar un trofeo, de competir o subir a un podio se esfuman como arena entre los dedos.

Este es un mal de muchos años atrás. Ese régimen talibán impuso entre 1996 y 2001 estas prohibiciones, que cortaron las ilusiones de las mujeres afganas. Era un tema tan repudiable, que el Comité Olímpico Internacional excluyó a Afganistán de los Juegos de Sidney de 2000 por dejar a las mujeres fuera de la competición olímpica.

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Deportes como la vida

En el 2001, la invasión estadounidense les dio vida a las mujeres para practicar deportes, luego del sometimiento a los talibanes. Fue en esa época en que se dio un paso adelante, devolviéndole derechos a las mujeres y a su dignificación.

La atleta Lina Azimi hizo historia para su país. En el 2003 representó a Afganistán en el Mundial de Atletismo de París. 18,37 segundos fue su tiempo en la prueba de los 100 metros, pero el digito es más para la anécdota. Ella corrió la libertad de miles de mujeres, que se ilusionaban con seguir sus pasos, con vivir por un propósito, ese mismo que les estaba dando el deporte.

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"Comencé hace tres meses a practicar atletismo y solamente he hecho dos sesiones preparatorias con tacos de salida antes de venir a París. Sólo puedo entrenar una vez a la semana", dijo Azimi, quien corrió con pantalones largos por su religión.

Como ella, y después de que el Comité Olímpico Internacional levantara el veto a Afganistán, aparecieron los nombres de Robina Muqimyar y Friba Razayee, quienes se ilusionaban con participar en unas justas olímpicas. “Quiero ser parte de esto para que otros países conozcan a Afganistán en competición. Cuando la gente vea la bandera afgana en los Juegos, estaré orgullosa”, reconoció Muqimyar.

Y ese terreno que habían ganado en las diferentes disciplinas, en las que también aparecía el fútbol, ese derecho de ver deportes desde el lugar de los hechos, quedó nuevamente en un limbo por la aparición del régimen talibán en Kabul, que amenaza con silenciar a miles de mujeres y su amor por el deporte.

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