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La dura confesión de Alejandra Azcárate sobre su incurable enfermedad

30 Jul 2018 12:57:9 | Redactado por: canalrcn.com
Alejandra Azcárate padece de vitiligo

La actriz y presentadora bogotana dio detalles de la cuidadosa enfermedad conocida como vitiligo, la cual afecta su piel hace año y medio.

Alejandra Azcárate se ha convertido de una de las celebridades más prestigiosas de nuestro país por el profesionalismo y personalidad que la caracterizan. La humorista reveló a través de un video, compartido por TVyNovelas, la condición que le fue descubierta después que en su piel aparecieran unas particulares manchas blancas.

“Me resultó una afección bien severa en la piel y me tocó ponerme en manos de expertos. En ese momento pensé, honestamente, que era cuestión de, qué se yo, unas manchas blancas, ahí exóticas, que habían aparecido porque sí. No le paré bolas, pero luego me tomaron una biopsia del borde del brazo y resultó ser vitiligo”, contó la actriz para TVyNovelas.

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Para Alejandra fue muy difícil aceptar esta enfermedad al principio, ya que al acudir a uno de los mejores dermatólogos del país fue consciente de lo que estaba sucediendo y se comenzó a imaginar cosas negativas que podrían pasar en su cuerpo.

“Me puse a llorar horrible con ese médico, porque como que entré en un circuito de terror tenaz y dije: Dios mío, me voy a volver un dálmata, qué horror. Pero bueno, luego me relajé y dije: ‘De esto no me voy a morir", expresó la bogotana.

Esta enfermedad de la piel se caracteriza por la aparición de manchas blancas debido a la pérdida de los melanocitos, que son las células encargadas de la pigmentación. Existen tratamientos para vitiligo, pero no hay cura definitiva.

¿Se han preguntado quiénes son sus amigas? Uno no puede estar rodeado de gente que ejerza el nefasto poder de la intimidación basado en el yugo psicológico de una moralidad subjetiva. ¿Quién dijo que con ellas uno tiene que quedar bien? Entre las verdaderas las apariencias no existen ya que son las debilidades las que generan esa hiedra emocional inquebrantable. Las mías son pocas, de hecho cada vez menos porque he aprendido a alejarme de quienes me han desilusionado y a quienes he herido. No se me da eso de pasar la página, cuando me defraudan la arranco. En mi pequeño círculo cuento con mujeres que saben debatir, respetar el criterio ajeno, recibir la crítica sin resentimiento, fascinantes, inteligentes, capaces de reírse de ellas mismas, trabajadoras, amorosas, habitantes de sus planetas propios, con opiniones diversas frente a todos los temas, inestables emocionalmente, talentosas, auténticas y sobre todo leales. No quiero cerca mujeres que pretendan ser referentes porque constaté que en silencio pagan un alto precio con sabor a frustración, no me interesan las vanidosas esclavas de la estética, las chismosas sin vida propia, las inseguras que buscan aprobación, las sumisas que justifican su condición, las que juegan a la casita ideal, las susceptibles, las aburridas que simulan ser felices, las pacatas pudorosas, ni mucho menos las cobardes. La amistad se basa en la empatía y eso a su vez se convierte en el reflejo de uno mismo. Somos lo que nos rodea. En mi combo nos hacemos ver los errores desde el análisis y no desde el juicio, nos divertimos con nuestras osadías, somos insolentes, nos patrocinamos los atrevimientos, guardamos secretos, somos alérgicas a los convencionalismos, no pretendemos encajar en el deber ser, nos enfiestamos, lloramos, viajamos, nos convertimos en un bloque de apoyo en los duros episodios y en una folclórica comitiva ante los éxitos, le damos prioridad a nuestros encuentros, nos agarramos con altura y nos perdonamos sin bajeza, pero sobre todo no nos engañamos. Cuando no hay libertad a la hora de ser, no hay nada que hacer. A las mías: Desde que seamos un modelo a no seguir, continuaremos juntas por el buen camino.

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La humorista ha tomado el proceso con calma y con mucho humor, según lo expresó para el medio: “De este proceso me ha resultado un gran aprendizaje, incluso hasta divertido, porque me he cuestionado muchas veces cómo sería mi vida si de repente me volviera una vaca llena de manchas, y la verdad creo que nada cambiaría; seguiría siendo la misma”.

Por último, Alejandra dejó una gran enseñanza y es que todo lo que viven las personas se ve reflejado por fuera.

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