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Jesús | Capítulo 59 | Judas vuelve a robar, influenciado por Satanás

Judas vuelve a caer en tentación, al ver las joyas del esposo de Juana, y bajo la influencia de Satanás, roba uno de los anillos.

22 Feb 2020 23:18Por: canalrcn.com

Las humillaciones de Caifás hacia Judith no cesan. En cada oportunidad que tiene, le recuerda el adulterio que cometió, y lo usa como excusa para ofenderla, incluso delante de Livona, quien también sufre los malos tratos del sacerdote.

Judas empieza a tomarse atribuciones que no le corresponden, hablando en nombre de Jesús, insinuando que él debería ser quien comande el ejército contra los romanos, dando a entender que la intención de él es alzarse en armas. Mientras tanto, el mesías sigue llevando la palabra entre los pobladores de Jerusalén, causando, nuevamente, la molestia de las autoridades de la iglesia romana.

María Magdalena se encuentra con Petronio, quien le hace saber que Noemí está muerta, además, afirmando que fue Barrabás, en forma de venganza, tras negar su ayuda en la investigación de la muerte de Adela. Esta situación se presta para que el centurión niegue la existencia de Dios, asumiendo que, de existir, no hubiera permitido la muerte de su prometida.

Las humillaciones de Caifás hacia Judith no cesan. En cada oportunidad que tiene, le recuerda el adulterio que cometió, y lo usa como excusa para ofenderla, incluso delante de Livona, quien también sufre los malos tratos del sacerdote.

Judas empieza a tomarse atribuciones que no le corresponden, hablando en nombre de Jesús, insinuando que él debería ser quien comande el ejército contra los romanos, dando a entender que la intención de él es alzarse en armas. Mientras tanto, el mesías sigue llevando la palabra entre los pobladores de Jerusalén, causando, nuevamente, la molestia de las autoridades de la iglesia romana.

María Magdalena se encuentra con Petronio, quien le hace saber que Noemí está muerta, además, afirmando que fue Barrabás, en forma de venganza, tras negar su ayuda en la investigación de la muerte de Adela. Esta situación se presta para que el centurión niegue la existencia de Dios, asumiendo que, de existir, no hubiera permitido la muerte de su prometida.