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    Capítulo 32 – Parte 3 - Jesús sana a una joven moribunda | Jesús

    2019-08-10 22:00:10 | Redactado por: canalrcn.com

    La mamá de la joven le suplica al Maestro que cure a su hija. Tras pedir con fe, el milagro sucede.

    El pueblo sigue quejándose del ruin acto liderado por Poncio Pilatos. Los heridos siguen curándose sus lesiones físicas, mientras que las heridas de sus corazones siguen sangrando de dolor por la pérdida de sus hermanos.

    Antipas le cuenta a Herodías que el soldado Longino insiste en casarse con Salomé, ella le recalca que eso no ocurrirá y que se hará cargo de ese asunto. Además, le dice que la macabra orden de Poncio deterioró las relaciones de él con los judíos y con Roma y que debe aprovechar la situación.

    Le pide que le escriba a Tiberio protestando contra la masacre, argumentando que está muy conmovido, así tal vez devuelva el gobierno a los Herodes, señala la mujer.

    Jesús va caminando en compañía de sus discípulos y de repente sale una mujer gritando y llamando al Salvador. Ella le pide que tenga misericordia y que cure a su hija. Él le responde: “yo fui enviado para las ovejas perdidas de la casa de Israel” y continua su camino.

    La mujer sigue al Maestro y le pide una vez más el milagro: “Señor, por favor, salve a mi hija”

    Él responde: “no es bueno tomar el pan de los hijos y lanzarlo a los cachorros”.

    “Lo sé Señor, pero también los perros comen migajas que caen de las mesas de sus dueños”, replicó la señora.

    “Mujer, grande es tu fe, que sea hecho conforme a tus deseos”, exclamó Jesús.

    De inmediato la joven es sanada y recobra su conciencia en brazos de su padre.

    Claudia por su parte, le reprocha a su pareja Poncio la masacre que provocó y le pide insistentemente que devuelva el corbán a los judíos. Petronio se acerca y el rey le pregunta en tono burlesco si aparecieron más rebeldes que quieran morir a palos.

    Este le responde que envió más soldados para contener posibles nuevas rebeliones. Sugiere que deben abandonar el palacio porque en breve ataques rebeldes se intensificarán en Judea. Poncio da la orden que sean contenidos con la fuerza necesaria y sin misericordia, manda a traer a los líderes a Jerusalén y deja claro que, si siguen las protestas, continuará con la lección.