Capítulo 10 de febrero – Noche de terror en Fontibón | Cuatro caminos

Una masacre en un bar de Fontibón paralizó Bogotá. Cinco personas fueron torturadas y posteriormente asesinadas, y aunque al principio todo parecía una venganza, con el tiempo las investigaciones dejaron entrever que no era así. Una fotografía fue la clave para esclarecer este caso que se presentó el 5 de marzo de 2017. 

Una huella fue la pieza clave para todo el equipo de criminalística, quien comenzó labores para averiguar lo que había pasado en el occidente de Bogotá. Los investigadores de la SIJÍN al entrar al lugar quedaron impactados por la cantidad de sangre que había derramada. Los cuerpos que encontraron presentaban multiplicidad de golpes y agresiones. Dos de las víctimas eran el dueño del bar y su esposa, quienes también fueron torturados, momentos previos a su muerte. Freiman Caicedo, hermano y cuñado, respectivamente, de las víctimas, afirma que la señora que cuidaba del hijo de su hermano llamó al día siguiente de la tragedia para informarle que ninguno de los dos había vuelto a casa.

Freiman creyó que se habían quedado celebrando, pues su hermano tenía la costumbre de hacerlo cada vez que al bar le iba bien, sin embargo, la esposa de Freiman no estaba tan segura de aquella hipótesis, por lo que se aseguraron de que estuvieran bien, al llamar a un vecino del bar para que corroborara todo. 'Chipi' el vecino del bar, llamó nuevamente a Freiman para decirle que la situación era grave y que era mejor que él mismo lo comprobara. Freiman salió inmediatamente para el bar y al llegar, lo primero que hizo fue llamar a la policía.

La policía identificó cuatro víctimas: los dueños del bar y dos meseros, uno de ellos familiar de la esposa de Franklin, el dueño del bar. Una huella en el piso, que era del agresor de las víctimas, fue la clave para comenzar toda la investigación y dar con el paradero de quienes perpetraron la masacre. Hubo un quinto cuerpo que logró salvarse de aquella masacre y que hoy resultó clave de la investigación. José Luis Taborda tuvo que vivir un largo y doloroso procedimiento de recuperación, pues recibió aproximadamente 37 puñaladas, que no fueron suficientes para acabar con su vida.

Hoy en día vive en Santiago de Chile y aun se acuerda de todo lo que vivió aquella madrugada. Los guardaespaldas que trabajaban en aquel bar fueron los encargados de perpetuar la masacre. Ellos le dispararon a Franklin, el dueño del mesero. Posteriormente atacaron a los meseros, luego violaron y asesinaron a Graciela, la esposa de Franklin y finalmente le dijeron a José Luis que lo dejarían vivo, pero que necesitaba que le dieran unos celulares, que también vendía Franklin. Él colaboró y aunque en principio iba a quedar vivo, le dan dos puñaladas con un extintor en su cuello, además de múltiples heridas en su cuerpo.

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