LINA ARROYAVE

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Con 25 años, Lina le dio un giro a su vida cuando interrumpió su carrera de Psicología para dedicarse al modelaje, su verdadera pasión, y para ver de su hijo, producto de una corta relación con el artista Kevin Roldán. Uno de sus objetivos es lograr cierta estabilidad para retomar sus estudios de la mejor manera.

Lo que más le gusta del modelaje es que a través de éste puede ser un punto de referencia para las pequeñas que desde ya sueñan con las pasarelas.

"A las niñas yo siempre les digo que empiecen a formarse, a construir y a quererse ellas mismas. O sea, es difícil cuando una persona es débil mentalmente. Con esta profesión podemos llegarles a las niñas que de pronto tienen un concepto equivocado del modelaje", comenta con ilusión.

La modelo quiere combatir aquellos estereotipos que marcan la necesidad de "venderse" en el modelaje o los conceptos equivocados según los cuales "si no muestras, no vendes".

"Cuando tú tienes tu ángel, tu actitud, tu forma de ser y las cosas que te hacen lindo como persona, eso es lo que vende, lo que a ti te gusta y a las personas detrás de cámara les gusta", expresa.

La situación más difícil que ha tenido que enfrentar ocurrió cuando su hijo recién nacido tuvo que pasar cinco meses en un hospital y los médicos no encontraban qué ocurría. Esa y otras experiencias la han llevado a pensar que "no todo es bonito o perfecto. Cada cosa mala que nos pase no es mala, porque de algo malo puedes sacar algo bueno".

Para esta joven modelo, una forma de "purificar el alma" es justo en esos momentos dificiles "cuando lloramos, cuando nos caemos que es cuando nos tenemos que levantar".

El que poco o nada le preocupen las cosas en general, según ella, podría ser su mayor defecto. “Puede estar pasando una tormenta y yo como que… si esa tormenta está pasando es porque Dios a la final de la tormenta va a abrir una puerta. Soy muy importac*lista: es por lo que más me critica mi mamá, me critican mis hermanas”, confiesa.

Esa regla también la aplica frente al que dirán, pues la opinión de otros no le importa. Eso, considera, tiene que ver con el amor propio, ese que "empieza desde uno mismo" y que le permite escoger qué puede o no afectarla. Fijarse en qué piensan los demás, asegura, no permite avanzar. El punto de vista del vecino no la desvela "porque cada cosa que uno hace tiene un sentimiento, una razón por detrás".

Como un sueño cumplido. Así ve Lina su participación en Protagonistas. En la casa estudio, ella planea divertirse, gozársela, "hacer amigos, pasarla rico", y, en general, disfrutar de esta experiencia con la que soñó "desde pequeña". "Puede que el encierro te haga sentir atraído por alguien y salgas y en realidad digas no", agrega.

Hace años, en medio de una decepción amorosa, se encontró con un libro llamado 'El Secreto', que despertó todas sus inquietudes espirituales: cree en Dios, invoca a los ángeles, sigue las enseñanzas de Buda, está interesada en los chakras, lee muchos libros sobre espiritualidad y cree en la virgen de Guadalupe, a quien agradece que su hijo se haya recuperado.

“Creo en la virgen, en Dios, en la cábala, en los maestros ascendidos. Ellos son la fuente para llegar a Dios, para entender las herramientas que él nos da (...) son los que escribieron los libros que nos enseñan”, relata con devoción.

La única literatura que consulta, estudia y le interesa es la que tiene que ver con su inclinación espritual, por esto no le llaman la atención "otro tipo de libros".

"No me gustan las novelas, no me gusta la historia. No sé si puede sonar muy rubia, muy lo que sea, pero los libros de historia igual ya son historia (...) no me van a afectar, quitar o poner", asevera.

A falta de una figura paterna, esta modelo vallecaucana encontró en Dios a quien aferrarse: “Creo en todo, yo necesito de Dios casi siempre, para agradecerle, para pedirle, para todo, porque no tuve un papá, entonces siempre estuve pegada a Dios”.

Lina resalta a su tío John Harold, a quien quiere mucho, como lo más cercano a un papá. Su padre murió cuando ella tenía ocho años y, en realidad, nunca vivío con él. Sin embargo, así como cree que "los seres fallecidos se convierten en ángeles", manifiesta haber sentido la presencia de su padre a su lado. 

"Cuando me he sentido triste por una desilusión amorosa, le pido "papi, ayúdame, jálale las patas"", cuenta entre risas.

No es la más entregada al deporte, no practica ninguno, pero en el colegio fue toda una estrella del balompié: “Fui futbolista en el colegio, la capitana, la que tiraba. Era una tesa, la que metía goles de cabeza, tenía todas las posiciones. Cuando faltaban cinco minutos, yo le hacía señas al profesor y hacía todas las faltas habidas y por haber, me tiraba en barredora. Mejor dicho, yo era un niño”.

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