Julián Román es Treinta y Ocho

Es un sicario bien relacionado con el hampa. Aunque no tiene problema con su oficio, sí es un hombre que tiene una ética personal muy rigurosa: es un hombre leal a los suyos y excesivamente territorial, que ama a su familia y a su pandilla por encima de cualquier cosa.

Cuando su madre descubre las andanzas que lleva, lo echa de la casa para no volverlo a ver nunca. Desde entonces Treinta y ocho se siente con la necesidad de buscar un hogar que reemplace el suyo. Así encuentra a Fátima, Lady y Didier. Él no tiene ningún problema en asumirse como cabeza de esta familia, le encanta Fátima como mujer y empatiza bien con Lady, con la que guarda una especial complicidad. Sin embargo, cuando uno de sus amigos es asesinado por una pandilla enemiga, el afán de venganza lo llevará a poner en riesgo todo por lo que ha luchado.

La muerte lo visitará más temprano que tarde.