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Año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán…
Por : Alejandra Laiton Galán


El 31 de diciembre las canciones que despiden el año se escuchan con más intensidad: “yo no olvido el año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas: me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra”. 

Aunque no solamente con buenas suegras los colombianos despiden el año, se dice adiós con otra fiesta, mucho mayor que la del 24. El aguardiente, el ron, el merengue, la salsa, el vallenato, el reggeton  y todos los ritmos parranderos despiden el año en compañía de familiares y amigos. 

En poblaciones más pequeñas, la celebración de fin de año se hace en las calles, donde grandes equipos de sonido llenan de música toda la cuadra y vecinos comparten con allegados. 

¡A quemar el año viejo!

Aunque en muchas ciudades del país está prohibido quemar pólvora, en algunas poblaciones y zonas se conserva la tradición de quemar el muñeco de Año Viejo. 

El muñeco se construye con ropa vieja, relleno de material papel, trapos, y, cuando se logra conseguir, pólvora de toda clase: totes, mechas, pitos, voladores o chispitas.   

Al personaje se le disfraza con todas las cosas que se quieren quemar del año que se despide. Entre más original y que llame la atención mucho mejor. En algunas poblaciones del sur del país se realizan desfiles de Años Viejos con los personajes más representativos del año que se va: presidentes, guerrilleros, cantantes, modelos y un sinnúmero de estrellas pasan por las manos de estos creativos.  

Antiguamente, el objetivo de esta exhibición de los Años Viejos en las cuadras de los barrios, pretendía la recolección de dinero suficiente para llenar con una buena cantidad de pólvora al muñeco.  

En las excentricidades de los colombianos en la celebración del 31 de diciembre, se encuentran una gran variedad de agüeros (supersticiones), que garantizan un mejor recibimiento del año nuevo.